martes, 30 de junio de 2009

Antes de Irlanda

   Me desperté y comprobé que Vesko también ronca, aunque sus ronquidos no me molestaban,... más bien eran graciosos, como una especie de olla a presión con poco fuego.
Le desperté y me dijo que tenía hambre; así que, de manera jocosa, le dije que aho
ra le prepararía unos huevos con bacon. En realidad sólo le iba a hacer un café, pero me motivé y le preparé un desayuno de los buenos. No había bacon, pero sí jamón; además está 
más bueno.
   Después de despedirle a él y volver a despedirme de Pablo rehice mi maleta por cuarta vez para dejarla ya con todos los detalles que me faltaban por organizar. Comí, quedé con Sonia, imprimí unos papeles, quedamos con Francesca, Sonia se fue al trabajo y yo me quedé con Francy ayudándola con las maletas. Después recogimos a Sonia y... ¡¡¡Rumbo a Madrid!!!
   El viaje tuvo alguna anécdota, como que nos pasamos la salida de Aguilar de Campoo y se nos acabó la autovía de Palencia y nos volvimos. Cenamos en Aguilar de Campoo de puta madre por 9 euros en un sitio muy chulo, así que espero volver y lo recomiendo ¿Cómo se llama el sitio? Pues ni idea :-S Me acuerdo de dónde está situado, pero no del nombre ¡Qué cosas!
   Entre Aguilar de Campoo y Burgos hay una carretera nacional un poco chunga a esas horas de la noche y pasó lo que tenía que pasar; que no se veía nada y había un coche con las luces de emergencia. Yo pensé que sería porque se le habría estropeado el coche y estaba esperando a la grua,... pero no,... es que había atropellado a un ciervo y, del golpe, lo había mandado a mi carril. Os podéis imaginar el susto. Traté de evitar darle, pero no lo logré. Sólo pude conseguir no hacerlo de lleno y le golpeé con un lateral.
   Claro, a partir de entonces, si ya iba con 4 ojos de atento, pues se me multiplicaron. Estuve conduciendo todo el camino hasta Madrid y apenas había tráfico, pero algunos eran unos HIJOS DE PUTA. Sí, con todas las letras y en mayúsculas. Un coche, cuando le adelanté, me dio las largas y las dejó puestas para deslumbrarme. Le hubiera partido la cara por cabrón ¿Cómo puede ser la gente así? Otro camión le hizo lo mismo a un coche. Yo estaba alucinando. No sabía por qué la gente se comporta así, sin motivo aparente. Era para hincharles a hostias, de verdad, y odio ponerme violento, pero ¡qué rabia!
   Por fin llegamos a Madrid; mejor dicho, a la M30, que me la recorrí entera porque la salida que venía en la guía no aparecía por ningun sitio y, después de media hora, menos mal que atinamos a ver un letrero hacia Atocha que nos fue guiando para llegar al Paseo de las Delicias y de ahí a casa de Vicente. Después a dormir mucho.
   Nos despertamos todos pronto porque había que pagar el estacionamiento del coche cada dos horas y, menos mal que lo miramos bien, pues le había preguntado a un operario de la limpieza al aparcarlo y él me había asegurado que los sábados no se pagaba. Gilipollas. 
   Después nos tomamos algo con mi hermana que estaba por allí con Joaquín y la prima de éste. Muy majos. Los pobres. Les habían roto una luna el día anterior para robarles, les quitaron unos 1.000 euros entre lo que Joaquín llevaba en metálico, el GPS y contenido de las maletas. Pero lo peor
 es que lo repararon rápido y, al día siguiente, les volvió a pasar lo mismo. En este caso ya no se llevaron nada porque no habían dejado nada valioso,... pero les jodieron otra luna. Así que sus planes de ir a Valencia se tuvieron que retrasar un poco y fueron con un cartón 
haciendo las veces de luna por la autovía ¡Vaya show!
Después de comer, Vicente hizo las veces de guía turístico y nos llevo a Huertas y continuam
os hasta el Palacio Real. De vuelta paramos en una cervecería donde ellos mismo fabrican la cerveza que venden y en una tetería donde, además de tomar unos tés muy buenos, nos fumamos una cachimba cojonuda. Eso me hizo reflexionar sobre dejar el tabaco y es que, definitivamente, en cuanto alquilemos el piso la cachimba es lo primero que va a entrar porque así dejaremos el mal hábito del tabaco y lo podemos sustituir por algo que es más barato, más sano y deja buen olor.
   
Paramos en el Dunkin Donuts y compré una docena ¡¡¡mmmm, qué ricos!!! y a casita. Después de cenar íbamos a salir un rato, pero estábamos destrozados, así que nos quedamos allí viendo una peli.
   Al día siguiente prácticamente fue comer juntos en un restaurante chino al lado de la casa de Vicente (con un servicio y un precio excelentes) y salir hacia el aeropuerto. Allí en seguida localicé a José Félix, el encargado de Nacel que me dio instrucciones para cuando llegaran los estudiantes. Me organicé muy rápido, pero me pareció un poco flipante lo mal organizados que estaban ellos, los de la organización. Al tío éste le faltaban cosas que me tenía que dar para darles yo a los estudiantes (menos mal que me di cuenta antes de que ellos llegaran con sus familias, pues me habrían pillado con el culo al aire) y después se convirtió en un cagaprisas que lo quería hacer todo a la vez. Me ha parecido un mamón, la verdad, pero ¿Qué se le va a hacer? Al menos, la acompañante del otro grupo que viene a Irlanda (Ellos se quedan en Dublín, mientras que nosotros nos hemos venido a Wexford) era maja. 
   En el aeropuerto tuvimos que esperar una hora de retraso del avión y, cuando llegamos, tuvimos que esperar otra hora porque faltaba la maleta de una chica. Después, viendo que había otra similar abandonada, se nos ocurrió pensar que el dueño de la otra podía haberse quedado con la de ella sin darse cuenta. Le llamé y, efectivamente, era eso; así que asunto solucionado. Con todo eso llegamos a las casas de las familias acogedoras a las 2 de la mañana para despertarnos al día siguiente a las 8:30,... pero eso ya lo dejo para otro capítulo.